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UNA SESIÓN DE COACHING FAMILIAR

09-02-2018
UNA SESIÓN DE COACHING FAMILIAR

A veces, tener una sesión de Coaching Familiar, no es fácil… Sobre todo, la primera sesión en la cual quieres coger idea de lo que sucede de verdad. NO de lo que te cuentan, sino de lo que hay de verdad, pero que no te lo están diciendo, entre otras, o porque ni siquiera ellos son conscientes de ello o porque simplemente, no saben expresarlo.

En esta primera toma de contacto, me interesa saber cómo se mueven, quien guarda silencio, hacia dónde guían las manos, hacia donde dirigen las miradas, si hay tics nerviosos, cómo están sentados… en fin… todos estos detalles son los más interesantes, y realmente, lo que menos “me importa”, es lo que están contando.

 

También intento captar la energía que están poniendo en lo que expresan, y cómo se están sintiendo con lo que dicen. Esto, tampoco es fácil de captar, sin embargo, ofrece mucha información inconsciente, que nos servirá para concretar la realidad de los hechos. Quizás te parezca que no tiene sentido mucho de las cosas en las que me focalizo, pero ya te adelanto que, como profesional, una sesión funciona así; otra cosa, bien distinta es, una conversación entre amigos o familiares.

Mientras ellos hablan, yo tomo nota del rol que cada uno tiene dentro del seno familiar. De cómo es el lenguaje que utilizan (frases que empoderan o frases que machacan, al otro), del orden que utilizan para hablar o de cómo expresan lo que quieren decir; entre muchas otras cosas.

La cuestión al final es, que como resultado no hay una sola cuestión que les ha llevado a llamarme, sino, que el volcán está en erupción o como me gusta expresarlo a mí, me hablan de la punta del iceberg, pero realmente, lo que hay debajo es lo que realmente les está consumiendo la alegría y la ilusión por estar felices en el entorno familiar.

 

Y así me encuentro, con padres protectores que, con hijos adultos, quieren que se hagan responsables de su vida, cuando hasta ese momento, nadie le ha explicado cómo tenía que haberlo hecho porque los padres, les han hecho todo.  

Padres que quieren que su hijo haga las cosas como sus hermanos han hecho (Comparaciones que hunden la autoestima).

Padres que no escuchan a sus hijos porque ellos saben lo que hay que hacer. Padres que quieren que sus hijos se comuniquen más con ellos, cuando hasta ese momento, nadie les ha enseñado a comunicarse en familia.

Padres que ponen a sus hijos en un dilema, y… “cuidado con lo que decides, que te vas de casa”.

Padres que tienen muy bien estudiada las etiquetas de su hijos o padres que saben muy bien realizar juicios sobre ellos, “porque yo conozco perfectamente a mi hijo”.

Padres que ponen normas como “en mi casa no se fuman porros” y no se cuestionan por qué sus hijos, hacen lo que hacen.

Padres que lo controlan todo… hasta la cuenta bancaria.

Padres que presuponen como tiene que ser la vida de sus hijos.

Padres que no ACEPTAN la vida de sus hijos.

Y también me encuentro con hijos que se sienten solos, a pesar de formar parte de una familia numerosa.

Hijos que no han escuchado nunca un “Te Quiero” de sus padres o un “estoy orgulloso/a” de ti.

Hijos que sienten que su padre es solo eso, una persona que tiene el rol de padre, pero que emocionalmente, no lo siente así.

Hijos que no saben cómo decirle a sus padres “Te quiero” o hijos que no han sentido un abrazo desde hace muchos años.

O hijos, que tienen miedo a expresar lo que siente, por si al decirlo sus padres les echa de casa, al tener que enfrentarse a la cruda realidad.

Hijos que se asfixian en su mundo, y para evadirse, acuden a las adicciones.

Hijos que quisieran compartir más tiempo con su padre (a solas), o con su madre o en familia. Hijos que se cansan de las presuposiciones de sus padres porque no les permiten ser quienes de verdad, son. Y no saben quiénes son como persona.

Hijos que no ACEPTAN la manera de ser de sus padres.

 

Y así, con este cuadro, entramos en un proceso de Coaching, el cual, lo único que pretendes es, poner un punto de inflexión a todo esto, y empezar a hacerles tomar conciencia que hay otras opciones para relacionarse en familia. Porque si siguen haciendo lo mismo, obtendrán los mismos resultados. Y si no crees que es posible un cambio, entonces todo seguirá igual porque nada cambiará.

 

Y es que, el mayor objetivo que tenemos como padres, además de querer a nuestros hijos incondicionalmente y demostrárselo; es permitir que nuestros hijos, sean las personas que realmente son, y no las que desearíamos que fueran.

Sin embargo, esto tampoco es fácil… hacerles cuestionarle su estilo de educación o de cómo han demostrado su amor hasta el momento, después de tanto años… es una tarea ardua que en muchas ocasiones, te lleva a mirarles a los ojos y decirles: toda la atención que estás poniendo en los demás, si te la dedicaras a ti, ¿Quién serías…?... y ahí, es cuando llega el silencio, y las lágrimas… y entonces…, dejamos pasar una semana  hasta la siguiente sesión.

Mari Jose Padilla en CoachYa
Autor/a del post

Mari Jose Padilla

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